lunes, 3 de diciembre de 2012

Impulso


Ámame cuando menos lo merezca... ya que es cuando más lo necesito.
Proverbio Chino


Al principio no me di cuenta. Una explosión electrificó mis sentidos y de repente la punta de los pies flotaban por sobre las baldosas desparejas.  No sé cuanto tiempo me dejé poseer aquel intruso violento que ansiaba gritar y matar al mundo, estimo que, por donde estoy ahora, deben haber sido tan solo un par de cuadras.

Lo que sí recuerdo es el desgano que sentí por la vida cuando tuve miedo de sentirte lejos. Y ahí, mientras la locura se desvanecía, un espasmo que nació del corazón me detuvo en seco. Miré para los dos lados: estaba solo. Hice una retrospectiva rápida a los sucesos que precipitaron la onda explosiva. Un dolor que paralizaba. Y entonces, algo inesperado. La pierna derecha perdió el equilibrio, y la izquierda no nos pudo sostener.  Me puse de pie con esfuerzo, pero se repitió el proceso, la derecha no quiso adelantar a la izquierda. Me sentía triste. Me faltaban fuerzas para alejarme de vos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Incertidumbre


Situación de conocimiento o de información imperfecta e incompleta en que se mueve el decisor respecto a su entorno y posibles desenlaces.


Podría cerrar estas palabras solo con la definición y aun así podría comprenderse lo que estoy tratando de decir. Este no es un texto que hable de la tristeza o de la felicidad; es un texto que le habla a la ignorancia, esa mediata que nos pone ansiosos por aniquilarla pero que nos lleva a las más inescrupulosas fantasías por imaginar el momento en el que desaparece y todo cambia para siempre.

Hace bastante que había transcripto estas palabras en mi cabeza que por alguna razón esquivaban este virtual papel. Fueron craneadas en un micro, hace ya unos días, mientras viajaba rumbo a un final desconocido. Y ahí se encontraba el encanto.

Particularmente me pasa (siempre flotando en la media fantasía) que no puedo evitar intentar imaginar como será lo que desconozco pero pronto formará parte de lo que sé. No puedo evitar imaginarme como será ese lugar, fabular una imagen que flote en mi cabeza para no llegar tan desnudo a destino. La personalidad de una persona. Su cara, sus gestos. Su nombre, sus mañas. Cuando se transforma en una ignorancia que sortearé inevitablemente, mi cerebro trabaja con fuerza en pos de generar una fotografía de lo que puedo llegar a ver.

Mas lo inevitable, cuando la conexión se completa, es sentirme vacío. No solo porque mis expectativas o mi capacidad puedan fallar, y esa imagen vaga que mi pensar haya dibujado se aleje harto de la realidad. Lo que me duele es que esa capacidad, respecto de ese lugar, de esa persona o de ese sentimiento, me abandona para siempre. Podrán demoler los espacios, envejecer los cuerpos o desgastarse las almas, pero de ahora en más voy a tener una imagen para comparar, para siempre. Y la adrenalina de lo desconocido debe buscar nuevos  propósitos para lo que me queda.

jueves, 30 de agosto de 2012

Continuará


La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive. Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente.

Ludwig Wittgenstein.


Antes de interesarse en esta historia, deberá el lector saber que no tiene final feliz.

Creo que al menos cuando termine de escribir, voy a tener la tranquilidad de que sabés que la mayoría de las palabras y emociones que deberían inundar este texto, están perdidas para siempre en tu mirada, en algún rincón de esos ojos que tanto me distraen.  La suerte de tener lleno el corazón, bien a resguardo el alma se contrapone con el vacío de creatividad que se apodera de mi cuando estás cerca, algo que científicamente se define como embobado.

Ya había escrito hace meses una breve reseña de todos los miedos que siento cuando estamos juntos. Te expresé tantas veces el agradecimiento que me brotaba por cada miedo que me das, porque más aumenta porque más me gustas; cada día que pasa me siento más feliz de poder contarle al mundo el pánico que tengo de que algún día pueda perderte.

Porque el miedo me pone alerta y así siempre me va a encontrar atento a mejorar, para que nunca quieras alejarte de mí. Los dos sabemos que me preocupa bastante poder estar a la altura de las circunstancias, de lo perfecta e inmaculada que te veo, más cercana al cielo que nuestra aburrida tierra de vivos.

Y todo esto viene a colación de que por primera vez desde que estamos juntos, hablamos de lo triste y noble que podría ser nuestro final. Y te juré mi vida a cambio de tu felicidad eterna y te hubiese prometido lo que no existe para que no dejes de sonreír. Me respondiste con un abrazo sin tiempo que todavía siento y que ya extraño, lloraste con cualquier posibilidad de encontrar el último corredor en soledad. Advertía al comienzo que este texto no dejará epílogos felices. Es que simplemente descubrí estos dos días, que entre nosotros no tiene por qué existir un final.


miércoles, 1 de agosto de 2012

Nuestras noches imperfectas




En nuestras noches imperfectas algo se rompe, aunque todo sale bien. Una mirada que se anexa sin sonrisa y un abrazo apretado cargado de melancolía. Silencios incómodos y eternos se suceden para que el mundo deje de girar, desconociendo el porqué de su circular movimiento.

En nuestras noches imperfectas, nos amamos tanto como siempre, pero lo expresamos mucho más. Porque cuando algo se quiebra, ¡Y es el propio peso de las cosas el que da puntos a la herida!, reina el desconcierto y el temor. La adrenalina de tamborilear el presente que se antoja tan placentero, aun en la certeza de que esto no puede suceder.

En nuestras noches imperfectas reímos bastante menos y nos besamos con mucha más necesidad. Quizás sea el temor a la soledad, o la tristeza reinante, la que eleva nuestros cuerpos más al choque que al roce, mezclándonos en pasión y desesperación. En ese entonces se funde el fragmento de tiempo donde el curso de nuestro tiempo juntos se reconstituye.

Porque en nuestras noches imperfectas, la princesa vuelve a casa dormitando en mi hombro, que la rodea con el brazo. Y nos despedimos con un beso de valor añadido al vacío existencial en el que se sume mi alma, cuando de ella se separa. Es que son estas noches imperfectas, en las que añoro con locura, las que le otorgan mucho brillo a las demás.

lunes, 9 de julio de 2012

Te deixar ir


No hay beso que no sea principio de despedida; incluso el de llegada.

George Bernard Shaw



No es justo que de por sí ante una empresa difícil, de casi imposible realización, inédita incluso al momento de transcribir estas líneas, precisamente tenga que por esta vía eternizar mi seguro fracaso. Podría ser mi secreto eterno que vos siempre supiste pero que solo los dos valoramos, o bien podría tratar de ponerle nombre a algo que veo increíble y hacerlo público, víctima mis temores de mis lectores silenciosos y tímidos de escribir comentarios, a fin de esperar que ellos me expliquen como hago para dejar que te vayas y que te alejes de mi sin más.

Lo intenté con el éxito de los silencios pero con el fracaso de una nula ejecución, durante todos estos meses. Un corte limpio, incisivo quizá, pero perfecto al fin. Como esa sensación de tu sonrisa, que me corta un poco el alma para recordarme que estoy vivo, que la tengo y me recorre ese frío que me abriga y me llena con tu calor. Así tiene que ser esa despedida. Un beso convicto, pero corto. Un abrazo que sepa llenarte, pero que vacíe tus deseos, y los míos. Un después hablamos que realmente pase luego. Un me tengo que ir acompañado de un dale, ya te llevo.

Pero no puedo. Porque rodearte con los brazos cada vez me dura menos, aunque dejemos pasar así bastantes horas. Cuando suena ese timbre sin sonido tan cerca de las cinco se me juntan en la puerta todos los besos rezagados que acumulé toda la vida y que tengo que darte por si no te veo nunca más. Resulta angustioso pensar en la cicatriz que me va a dejar tener que extrañarte.  Tal vez los relojes rejuvenecen volviendo a las horas frenéticas; en una de esas vos me elevas hasta algún plano donde los  tiempos vuelan más veloces que en esta realidad.

Como todo adicto que ve acabarse su preciada droga, esto me pasa cuando estamos juntos y me sitúo en la hora que vivimos. Escribo todos los días este texto sin papel para ver si logro aprender a dejarte. Solo sabiendo hacerlo, puedo soñar con no tener que volverlo a  intentar.